Es tiempo de confiar en la tecnología blockchain

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Es tiempo de confiar en la tecnología blockchain

La cadena de bloques no es solo para criptomonedas / Crédito foto: Getty Images

Daniela Dib 16/02/18

La cadena de bloques promete redefinir el concepto de confianza para transformar el mundo financiero, ¿podemos fiarnos de esa promesa?

“Interrumpimos este número para recordarte que el Internet es grande”. De este modo iniciaba un artículo escrito por los editores de la revista estadounidense Wired en el número de julio del 2000.

La nota resaltaba una conversación entre los editores y Jeff Bezos, fundador y CEO de Amazon, que en ese entonces era una compañía con seis años de existencia.

El tema en cuestión era la cantidad y el giro de empresas que estaban sumándose a la locura por el dot-com, iniciada en 1997 cuando comenzó a dispararse el número de usuarios de Internet.

Con cada vez mayor frecuencia surgían personas con ideas para crear negocios en esta incipiente y revolucionaria tecnología. Inversionistas aparecían en proporción, listos para financiar los proyectos que en poco tiempo obtendrían rendimientos.

Bezos -quien tenía dos años de haber empezado a vender otras cosas en Amazon, además de libros- y los editores de Wired coincidían en que a la mayoría de estas empresas emergentes les faltaba visiónn y les sobraban opciones de financiamiento.  

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Jeff Bezos Foto: Getty Images

Todas querían vender productos en línea, ya fuera alimentos para mascotas (pets.com), juguetes (Etoys.com) o abarrotes a domicilio (Webvan. com). No había mucha oferta de servicios.

Era común que a los inversionistas de riesgo y de capital privado no les preocupara esta falta de imaginación, el estatus del mercado (sólo el 35% de los habitantes en Estados Unidos tenían una computadora con acceso en casa) o el poco entendimiento que entonces tenía el público sobre las capacidades y usos del Internet.

En su mayoría, los capitalistas de riesgo estaban vueltos locos por la promesa de los rendimientos que albergaba esta tecnología.

Quien no se subiera temprano al tren del Internet iba a quedarse fuera de la fiesta. La fiebre escaló hasta el punto en que muchas de estas compañías incipientes se volvieron públicas, para vender acciones sin haber siquiera comprobado la rentabilidad de su modelo. No obstante, estas se vendían como pan caliente en 20, 50 y hasta 80 dólares.

La burbuja reventó a finales de 2000. La inmensidad de Internet se redujo a Amazon, EBay y Yahoo!

Al momento de la conversación con Wired, Bezos estaba seguro que en el Internet había espacio para todos: “siempre diré que habrá miles de ganadores.

La gente que cree lo contrario piensa que el Internet es pequeño. Pero el Internet es grande y todavía es el Día Uno”, declaró en el artículo.

El tiempo le daría la razón; aún faltaban siete años para que Steve Jobs presentara al iPhone y con él llevara el Internet a cada persona, volviéndolo omnipresente en todo el mundo. El potencial del Internet, en efecto, era enorme.

La llamada “burbuja” de las IPOs reventó a finales del 2000 y la inmensidad del Internet se redujo a tres compañías (Amazon, EBay y Yahoo!), al menos por el momento.

Las valuaciones que los inversionistas habían brindado a las otras dot-com resultaron ser demasiado altas, su rentabilidad casi nula y el mercado muy joven. Sitios como Pets.com, Webvan.com y Etoys.com cerraron por completo, dejando en el aire inversiones de hasta 1,000 millones de dólares.

Cualquier lección que pudo haber dejado esta historia sólo estuvo vigente durante 18 años. Hoy, la locura parece repetirse.  

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La era de blockchain

El surgimiento de una nueva tecnología que pocos comprenden aunque muchos quieren aprovechar, la cadena de bloques -blockchain,conocida principalmente porque en ella están montadas criptodivisas como Bitcoin, Ethereum y Ripple- está anunciando cambios tecnológicos importantes casi de la misma forma en que lo hicieron las empresas dot-com en los años 90.

Blockchain es una de las dos tecnologías que Fortune en Español, junto con la de los nanosatélites, decidió analizar en la edición de febrero, pues no solo revolucionan al mundo de los negocios, sino que apenas están iniciando la reestructuración de nuestro futuro.

Puedes conocer más sobre la más reciente portada de Fortune en Español, aquí. 

Pese a que Bitcoin surgió en 2008, su popularidad ha explotado en los últimos 10 meses.

En diciembre de 2017, el precio de Bitcoin sobrepasó los 19,000 dólares; un año antes apenas rozaba los 1,000 dólares.

Pero está lejos de ser la única criptomoneda: durante el segundo semestre de 2017 se multiplicó el número de ICOs o Initial Coin Oferings y la venta en línea de tokens (que funcionan parecido a las acciones tradicionales) de nuevas criptomonedas que prometen financiar su operación con el dinero que recauden.

De acuerdo con el sitio ICOdata, 2017 cerró con más de 5,000 millones de dólares recaudados por concepto de nuevas ICOs. 

Desde Wall Street hasta el Banco de México, el escepticismo es latente. “Las ICO son las nuevas IPO”, advirtió Alan Murray, presidente de la revista Fortune USA. “La burbuja está en las ICO”, reportó Credit Suisse. “El Bitcoin debe levantar dudas,” opinó Agustín Carstens.

¿La locura por las criptodivisas es una burbuja? Aún no hay respuesta.

Sin embargo, quien hoy descarte por completo estos experimentos podría estar cometiendo el mismo error que Bezos criticaba en el 2000. Tal como ocurrió entonces, cuando la oportunidad no estaba en las dot-com sino en el Internet, parece que hoy la promesa no la tiene el Bitcoin, Ethereum, Litecoin o EOS, sino blockchain.

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Y si el Internet era grande, la cadena de bloques es enorme. Sus principales entusiastas aseguran que incluso podría sustituir a la confianza como uno de los pilares más antiguos que sustentan la interacción humana. Hay que confiar en ellos cuando dicen que no están exagerando.

El nuevo evangelio

“Lo que más me emociona de Bitcoin no es si puede llegar a valer 100 millones, 5,000 dólares o si el precio se va a cero”, asegura Daniel Vogel, de 32 años. “Lo que me emociona es que está desatando una revolución”.

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Daniel Vogel es CEO de Bitso, una plataforma mexicana de intercambio de criptodivisas que opera desde el 2014. Foto: Gabriel González

La revolución de la que habla está basada en la descentralización, colaboración e invulnerabilidad de las transacciones; cualidades que en la era moderna no han caracterizado a las actividades financieras, empresariales o gubernamentales.

La tecnología blockchain posee estas tres cualidades. Con ellas garantiza que el registro de transacciones -sean financieras, de bienes o de información- no se pueda alterar ni depende de una entidad central.

Su innovación es que cientos de computadoras repartidas por el mundo, unidas por un código abierto, unen bloques de información cuyo origen y consecuencia deben ser verificados antes de que un nuevo bloque sea añadido. Al usar blockchain, la información no se maneja como cifras o palabras, sino que se convierte en códigos para mantener su privacidad.

Si esos códigos se alteran o se modifican, el registro está abierto para que todos los involucrados lleguen a un consenso acerca de la transacción que están viendo y la validen.

Blockchain es una propuesta muy bien pensada para combatir los vicios de las instituciones tradicionales.

Así, es imposible alterar o eliminar la cadena de datos si ésta depende de varios verificadores que solo intercambian códigos. Por lo que se trata de una propuesta muy bien ingeniada para combatir los vicios de las instituciones tradicionales.

Se argumenta que por eso nació el Bitcoin en 2008, justo el año marcado por la crisis financiera que provocó la burbuja hipotecaria en Estados Unidos.

Satoshi Nakamoto, el seudónimo que armó el manifiesto de Bitcoin: A peer-to-peer Electronic Cash System -donde por primera vez se propuso la creación del Bitcoin y se explicó el funcionamiento de su blockchain, aunque aún no se llamaba así- escribió: “no existe un mecanismo para realizar pagos a través de un canal de comunicación sin un tercero de confianza”, escribió Satoshi.

“Lo que se requiere es un sistema de pagos electrónicos basados en prueba criptográfica en vez de confianza, que permita que dos partes puedan hacer transacciones directas entre ellos”, agregó.

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El que la manía por el Bitcoin haya explotado a niveles ridículos en todo el mundo no significa que su planteamiento se deba desechar.

Por primera vez en la historia financiera se pueden observar y corroborar las transacciones entre dos partes que llevaron a una divisa hasta el nivel más alto de su precio, no porque lo diga un banco o una institución financiera, sino porque varios participantes llegaron a un consenso de lo que ocurrió.

“Hoy, no hay una sola persona que te pueda decir exactamente por qué el dólar vale lo que vale”, señala Jordi Adame, CTO y cofundador de la fintech Resuelve, dedicada a solucionar problemas crediticios. “Es más fácil entender cómo funciona blockchain a comprender el sistema financiero actual”, agrega.

Si bien Bitcoin tiene mucho valor por sí mismo, ya que podría llegar a sustituir a todas las divisas y las entidades financieras que las sustentan -al menos ese es el sueño libertaria-no de sus creyentes más fieles-, ha puesto sobre la mesa la discusión sobre la cadena de bloques.

“Blockchain es el té, Bitcoin es la marca”, explica Adame. La mayor hazaña de la criptodivisa es que todos dentro y fuera del universo financiero quiere beber un poco de ese té.

Migrar hacia la colaboración

“Puedes ver blockchain como si tuvieras un documento y todas las personas que tú quisieras involucrar tuvieran la misma copia”, dice la Dra. Saiph Savage, investigadora del Departamento de Computación de la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

“Todos estarían trabajando en algo como un documento de Google y todos podrían ver los datos que se manejan en él”.

Si bien la comparación con Google Docs es un tanto simplista, es su ciente para comprender por qué haría sentido utilizar la blockchain para transacciones entre dos partes que no confían entre ellas; por ejemplo, entre el gobierno y los ciudadanos.

Y tal vez no exista en México una mayor crisis de confianza que la que ocurre entre estas dos partes. Por ello, resulta casi obvio que ya exista investigación en el país para usar la blockchain con el objetivo de mejorar esta relación.

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Blockchain es el té y las criptodivisas son marcas. Dentro y fuera del universo financiero, todos quieren beber un poco de ese té, dice Jordi Adame. Foto: Getty Images

La Dra. Savage trabaja en un proyecto en conjunto entre la UNAM, la Universidad de West Virginia, Estados Unidos y la Secretaría de la Función Pública de México que busca utilizar la tecnología blockchain para “construir confianza y facilitar colaboraciones entre migrantes y gobiernos”, según establece el primer artículo científico que ella y su equipo han publicado al respecto.

Existen cerca de 25,200 millones de dólares en remesas que se envían cada año a nuestro país por los casi 13 millones de mexicanos que migraron y trabajan en Estados Unidos.

De acuerdo con la Dra. Savage y sus colegas, las aportaciones que estos migrantes hacen a sus pueblos de origen son considerables -a veces hasta siete veces más de lo que el pueblo tiene como presupuesto anual-.

Sin embargo, el problema es que al existir desconfianza con el gobierno local, estos recursos sólo son gastados por miembros de las familias de los migrantes cuando podrían tener el potencial de transformar a toda la comunidad.

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“¿Puedes imaginar si el migrante confiara en el gobierno para colaborar?”, pregunta la Dra. Savage. Se podrían construir instituciones completas, partiendo con un donativo inicial del migrante y uno complementario del gobierno para hacer, digamos, una biblioteca pública con computadoras.

“Con blockchain se vuelve mucho más transparente lo que cada quien puede hacer. Se puede verificar y además, con un contrato inteligente, se puede garantizar que lo acordado sí se cumpla”, agregó Savage.

Contratos inteligentes

Los contratos inteligentes son otro mecanismo posible mediante la cadena de bloques. Dentro de las operaciones criptográficas de la red, se determina qué transacciones se pueden realizar sólo una vez que otra se haya cumplido.

“Por ejemplo, yo quiero que cierto dinero se use para poner computadores. No se puede usar para otra cosa. El contrato inteligente es como un abogado automático; un algoritmo que ve para qué vas a usar el dinero y verifica la transacción”, explica la Dra. Savage.

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El proyecto de la UNAM aún está realizando prototipos de esta blockchain llamada ChainGov y descrita como “una plataforma móvil descentralizada y colaborativa para migrantes, gobiernos y otras instituciones como Organizaciones No Gubernamentales (ONG), que rápidamente pueden informarle a individuos sobre el flujo de su dinero, así como proveer supervisión en tiempo real de todas sus transacciones”.

Lograr que migrantes y gobiernos la utilicen con éxito implicaría primero determinar mediante qué plataforma sería más fácil hacerlo -dispositivos móviles, computadoras con Internet, mensajes SMS-, o conseguir que todos confíen en la viabilidad del proyecto desde un principio.

El equipo confía en que esto sí se puede concretar sería un punto de partida para eliminar la corrupción gubernamental. “Para temas en donde es necesario que haya transparencia del gobierno”, concluye Savage, “conviene usar blockchain porque es una muy buena verificación del contenido”.

Una dosis de certeza

La clave para mejorar el sistema médico en México empieza con una hojita de papel. Al menos es lo que asegura Everardo Barojas, CEO y cofundador de la startup de recetas electrónicas, Prescrypto.

“La receta médica en papel viaja como una cartita”, explica Barojas. “Va del médico al paciente, del paciente a la farmacia. De ahí los datos encuentran una salida hacia la industria farmacéutica o Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris)”.

El problema no es que las farmacéuticas y el gobierno tengan datos del sector médico -de algún lado tienen que investigar qué tipo de medicamentos hace falta desarrollar-, sino que la privacidad es prácticamente nula y los datos están desaprovechados.

“En el caso que hubiera un uso masivo y compartido de datos de la industria farmacéutica, habría muchísimas ventajas”, afirma Barojas, quien es hijo de padres médicos.

“Podrías detectar si hay un brote de una enfermedad; si se están prescribiendo muchos medicamentos que las farmacias no tienen en stock; si eres una farmacia y tu inventario no se ha movilizado”.

Una blockchain en la que todos los actores del sector médico tengan interoperabilidad sin importar el sistema que utilicen.

Actualmente, de todos los involucrados en el sistema médico nacional algunos tienen más incentivos que otros para registrar los datos que están en las recetas médicas.

Éstas se escanean o se transcriben a una hoja de Excel, y de ahí se venden como bases de datos a farmacéuticas o llegan hasta Cofepris para hacer investigación de mercado.

“Quien debiera beneficiarse con esos datos es el paciente, el pagador o el médico”, dice Barojas.

“En la farmacia ni tienen la enfermedad ni pagan por la consulta ni dan el diagnóstico” y es ahí donde se concentran, capturan y distribuyen datos sensibles al mejor postor.

Frente a ello, la propuesta de Prescrypto es crear una blockchain en la que todos los involucrados -pacientes, médicos, farmacias, hospitales y Cofepris- tengan interoperabilidad sin importar el sistema que utilicen para realizar sus recetas.  

Camino por recorrer

La intención de Barojas no es vender y operar su blockchain -hacer esto le quitaría la cualidad de tecnología descentralizada-, sino lograr que todos se monten a ella mediante el uso de la receta electrónica.

“Tenemos integraciones con APIs (Application Programming Interface) públicas. Lo que queremos es facilitar una capa extra en el sistema para que los médicos puedan recetar más fácilmente y, una vez que se monten en la blockchain, puedan compartir datos de manera segura con todos los demás jugadores”.

La clave es que la información personal de los pacientes iría desagregada con la de sus medicamentos recetados; es uno de los beneficios de que las transacciones en la blockchain estén encriptadas.

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“En el caso que hubiera un uso masivo y compartido de datos de la industria farmacéutica, habría muchísimas ventajas”: Everardo Barojas, CEO y cofundador de Prescrypto. foto: getty images

Barojas aún está lejos de convencer a todos los jugadores de adoptar la blockchain por medio del uso de la receta electrónica, los hospitales son sus primeros consumidores,  principalmente por el hecho de que el sistema les permite llevar un mejor control del inventario de sus farmacias.

El CEO de Prescrypto confía en que el cambio se irá dando. “Las recetas electrónicas también permitirían el e-commerce en el sector de venta de medicamentos”, asegura Barojas, el cual en México vale más de 180,000 millones de pesos anuales y que hoy está muy limitado precisamente por el papelito impreso de una receta médica.

¿Confiar en la confianza?

Puede que Jeff Bezos estuviera convencido de la magnitud y oportunidad del Internet en el año 2000, pero ni él pudo haber imaginado los problemas que esta tecnología iba a generar en el 2018.

Noticias falsas, algoritmos que intervienen en la decisión de compra o de información, hackeos masivos y concentración de datos en un puñado de jugadores; una vez que vimoslas cualidades del Internet, ahora estamos corrigiendo sus fallas (o al menos a aceptarlas).

En el caso de blockchain, esta tecnología tampoco llega sin sus inconvenientes.

Startups como Prescrypto y proyectos como el de ChainGov apenas comienzan a evangelizar mientras empresas como Walmart, Microsoft e incluso financieras como JP Morgan están trabajando en sus propia blockchain para objetivos muy concretos (principalmente se idean para mejorar cadenas de suministro, proveeduría y seguridad de datos a mucho menor costo).

Sin embargo, hasta el momento no hay otra blockchain que funcione y tenga mayor adopción que la de las criptodivisas, en específico la de Bitcoin o Ethereum y con éstas ha sido su cliente para identificar algunos puntos rojos potenciales.

Startups mexicanas como Prescrypto y proyectos como el de ChainGov apenas comienzan a educar sobre blockchain.

“La cosa que blockchain no ha logrado resolver y posiblemente nunca lo consiga es la identidad“, señala Jordi Adame, de Resuelve.

“No hay manera de ligar una wallet a una persona”, agrega. Una wallet es una cartera digital de donde se envían y se reciben criptodivisas, en el caso de las blockchains para este fin; o datos, en el caso de cualquier otro.

“Existen muchos esfuerzos por tratar de ligar la identidad, pero no hay manera más que con un tercero que la verifique”, precisa Adame. En este caso, el exchange que facilita la wallet.

El director de tecnología se percata de la ironía: “Blockchain trata de eliminar los intermediarios y terceros, aunque la parte de la identidad siempre la vamos a mantener con un tercero. ¿Qué no se supone que blockchain es lo opuesto, que no tenemos que confiar en nada?”

Aun así, Adame deposita su confianza en esta tecnología.

Blockchain y fintech

Adame está experimentando con una cadena de bloques para Resuelve, su empresa. Tener una interna facilitaría sus operaciones en Argentina, México y Colombia, así haría casi inmediata la transferencia de dinero y daría pie a una posible expansión global de la compañía.

El hecho de que los bancos e instituciones financieras estén empezando a usar blockchain para transacciones privadas “se están perdiendo de la real innovación en este espacio“, opina Vogel de Bitso, quien cree en que se puede utilizar la tecnología para replantearse conceptos tan básicos como “en qué consiste el dinero“ o “qué significa ser custodio del dinero”.

Blockchain no es el nuevo SAP o el CRM. “Mi percepción personal es que estas instituciones no tienen necesariamente que utilizar blockchain” para resolver problemas operativos, comparte el presidente de Bitso.

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La Dra. Savage también está muy consciente de que la blockchain está de moda y que no necesariamente siempre es la mejor opción.

“Tienes que estar invirtiendo muchos recursos con tus programadores para que conozcan blockchain”, explica. “Y a veces lo que quieres solucionar conviene más resolverlo de un modo más tradicional sin tener que obligar a todos a utilizarla” puntualizó Savage.

La falta de consenso sobre la verdadera trascendencia de la nueva tecnología -irónicamente basada en el consenso y la descentralización- llegará a un desenlace con el tiempo, pues es muy temprano para concluir.

“La sociedad tiene muchas dudas como supongo también las tenía con el tema de Internet”, dijo Vogel. “Lo que hace falta es que la gente confié en algo que es operado por sus pares; algo en lo que el gobierno o el banco o las instituciones no tienen que ver ahí”, concluyó.

Dentro de 18 años, ¿podremos decir que confiamos en nosotros mismos?

Nota del Editor: Una versión de este artículo apareció en la edición de febrero de la revista Fortune en Español.  

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