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T-MEC: ¿va o no va?

El último trimestre de 2019 es determinante para que el T-MEC pase del papel a la realidad. Para lograrlo solo falta un paso, pero complicado.

En marzo de 2018, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acuñó –vía Twitter, por supuesto– una de sus ya famosas frases: “Las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”.

Pero a solo un trimestre de cerrar 2019 no ha podido ratificar el nuevo tratado de libre comercio con México y Canadá, el T-MEC.

Desde que la administración Trump notificó de manera oficial su intención de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 2017 –y hasta el día de hoy–, la “diplomacia” tuitera del presidente ha puesto en riesgo el diálogo entre los tres socios, retrasó el avance en las negociaciones en numerosas ocasiones e incluso ha interrumpido el proceso de ratificación bajo los tiempos que plantea la Autoridad de Promoción Comercial (TPA, por sus siglas en inglés), un proceso “fast-track” que permite aprobar e implementar ciertos acuerdos comerciales de manera expedita.

Tras la firma del acuerdo por parte de los tres países el 30 de noviembre de 2018, la administración Trump cumplió con el requisito de proporcionar al Congreso una lista de cambios sobre la legislación estadounidense para implementar el acuerdo, el 29 de enero de 2019.

Sin embargo, el cierre del gobierno federal durante 35 días retrasó el procedimiento entero. El informe de la Comisión de Comercio Internacional (USITC) sobre los efectos económicos del tratado –requisito que debe cumplirse a más tardar 105 días calendario después de la firma del acuerdo para dar pie al resto del procedimiento de ratificación– fue entregado hasta abril de este año.

Trump se ha sumado a una larga lista de líderes (republicanos y demócratas), cámaras de comercio, pequeños y grandes empresarios y asociaciones en los tres territorios que insisten en dar la ratificación pendiente. Según la Cámara de Comercio estadounidense, más de 600 grupos y coaliciones de empresarios apoyan la ratificación del tratado, entre ellos la Federación Nacional de Minoristas (NRF), la asociación de comercio detallista más grande del mundo.

“El tratado ha sido una parte integral de la cadena de suministro de los minoristas en Estados Unidos, y por lo mismo hemos acompañado el proceso de renegociación desde el principio”, comenta Jon Gold, VP de política aduanera del organismo.

El último trimestre del año será determinante para que el acuerdo firmado hace casi un año por Donald Trump, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, y el entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto, pase del papel a la realidad. Pero para que Trump pueda cantar –o más bien, “tuitear”– victoria, falta un último pero complicado paso.

EL “SPRINT” FINAL

La ratificación descansa sobre los hombros de Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes con mayoría demócrata. Robert Lighthizer –representante de la Oficina Comercial de EE.UU. (USTR)– presentó al Congreso el borrador de acción administrativa el 27 de mayo pasado. Bajo el TPA, la administración Trump tenía un plazo de 30 días para enviar el proyecto de ley para su aprobación por ambas cámaras dentro de los 90 días de sesiones posteriores a la presentación.

Pero el ambicioso acuerdo no termina de convencer a un bloque de congresistas demócratas liderados por Pelosi, que solicitaron a Lighthizer la revisión puntual a sus preocupaciones en cuatro temas: materia laboral, medio ambiente, farmaceútico y el mecanismo de implementación del propio tratado.

Para revisar y negociar a detalle los cuatro puntos con la USTR, Pelosi nombró a ocho legisladores que, junto con ella, conforman el Grupo de Trabajo T-MEC, encargado de dar luz verde al proceso de ratificación una vez que la contrapropuesta entregada por Lighthizer en septiembre aborde satisfactoriamente las preocupaciones de los demócratas. De no ser así, las negociaciones entre USTR y el Grupo de Trabajo podrían continuar indefinidamente. 

T-MEC

LOS TEMAS PENDIENTES

A pesar de que el Senado mexicano se apresuró a aprobar la reforma laboral pendiente para cumplir con los compromisos internacionales asumidos en el T-MEC de mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, el bloque demócrata sigue manifestando señales de preocupación sobre la implementación de dicha reforma.

La Federación Americana de Trabajo y el Congreso de Organización Industriales (AFLCIO), que agrupa a 55 sindicatos y representantes a 12.5 millones de trabajadores, también han criticado el texto del nuevo acuerdo, pues aseguran que no representa una diferencia significativa para las condiciones de vida de los trabajadores estadounidenses.

El presidente de la AFL-CIO, Richard Trumka, incluso se reunió el mes pasado con el presidente Andrés Manuel López Obrador para manifestar tales preocupaciones, así como conocer de viva voz del mandatario cómo es que México planea desplegar los recursos y la infraestructura necesaria para llevar a cabo las reformas prometidas.

Tras la aprobación de la reforma laboral México fue el primer país, y único hasta ahora, que ha ratificado el acuerdo. Canadá también ha avanzado con su propio proceso de ratificación pero sigue a la espera de que la USTR y el Grupo de Trabajo demócrata resuelvan los cuatro grandes pendientes. Canadá tendrá elecciones parlamentarias el 21 de octubre, lo que añadirá presión al proceso de aprobación del acuerdo antes de que concluya 2019. 

“Hay poco que México puede hacer ya en este momento, pero debe garantizar sin rodeos que la nueva legislación laboral será aplicada y que el gobierno vigilará el pleno cumplimiento de lo acordado en esa materia en el Capitulo 23 del T-MEC y su anexo A”, comenta Arturo Sarukhan, embajador de México en EE.UU. entre 2007 y 2013

El gobierno mexicano deberá estar preparado y responder con agilidad cuando el acuerdo se someta a votación en el Congreso de EE.UU., ya que, al igual que en 1993 con el TLCAN, “existe el riesgo de que diversos congresistas condicionen su voto a temas vinculados y no vinculados al T-MEC”, explica Sarukhan. 

T-MEC

Sobre el medio ambiente, a pesar de que T-MEC incluye un capítulo modelado a partir del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), los demócratas consideran que el acuerdo se queda corto y no incluye suficientes acciones significativas para abordar el cambio climático.

Más de 100 representantes demócratas firmaron una carta dirigida a la Casa Blanca en la que solicitan incluir en el acuerdo estándares ambientales vinculantes, medidas significativas para abordar el cambio climático y un compromiso por parte de EE.UU. de permanecer en el Acuerdo de París.

En cuanto a farmaceúticos, en el tema de patentes y marcas, los demócratas solicitan eliminar una disposición que proporcionaría 12 años de exclusividad de datos para los desarrolladores de medicamentos biológicos, pues elevará los precios de las medicinas en su nación.

UNA ESTRECHA VENTANA DE TIEMPO

Debido a que la USTR tardó en entregar a los demócratas su contrapropuesta sobre los cuatro pendientes principales –además del apretado calendario de sesiones del Congreso para el resto de 2019–, la ventana de tiempo para ratificar el acuerdo es estrecha, según Sarukhaan.

El exembajador también considera que de no haber más retrasos y que la vocera Pelosi permita que el acuerdo vaya a la Cámara de Representantes para su deliberación y voto, “lo más temprano que se podría estar votando, dado el periodo que contempla y otorga el TPA al Congreso, es principios de noviembre”.

Por otro lado, es fundamental considerar el incierto clima político que precede las elecciones primarias y presidenciales de 2020 y cómo podría afectar la última etapa del proceso de aprobación del acuerdo. “La gran interrogante es si Pelosi, más allá de contar con los votos demócratas necesarios para llegar a los 218 requeridos para aprobar el acuerdo, esté dispuesta a otorgarle una victoria política a Trump a los pocos meses de que arranquen las primarias en Estados Unidos”, comenta al respecto Sarukhan.

UN ACUERDO A LA ALTURA DEL SIGLO XXI

Tras nueve intensas rondas de negociación, amenazas de aranceles al acero y aluminio e incluso elecciones federales en México e intermedias en EE.UU., los tres socios comerciales lograron transformar el TLCAN de 25 años en un renovado acuerdo para elevar la competitividad del bloque comercial a la altura de los retos del presente siglo.

En sus 34 capítulos el T-MEC incorpora actualizaciones a la propiedad intelectual, la manufactura, los servicios financieros y el comercio agrícola, además de pavimentar el camino para una mejora considerable en las condiciones y los salarios de los trabajadores en los tres países.

El TLCAN 2.0 también incluye capítulos sobre temas que no se abordan a profundidad… o en absoluto en el texto original (comercio digital, anticorrupción, medio ambiente, pequeñas y medianas empresas, entre otros). Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), de promulgarse el T-MEC, sería el primer acuerdo de libre comercio de EE.UU. en incluir un capítulo sobre comercio digital.

Según la USITC, bajo T-MEC, el valor de las exportaciones de comercio electrónico de EE.UU. hacia Canadá y México aumentaría en 332 millones y 91 millones de dólares, respectivamente.