Negocios

Spotify salvó la industria de la música. ¿Y ahora?

Las ganancias para Spotify llegan cada vez con más dificultades y sus competencias Apple y Amazon arribaron para quedarse.

Por Andrew Nusca

Imagina por un momento que Taylor Swift estuviera equivocada. La reina del pop teñido de country sorprendió a los fans en 2014 al romper abrupta y públicamente con un pretendiente prominente: Spotify. A unos días del lanzamiento en octubre de su álbum 1989, Swift arrancó todo su catálogo del servicio líder en streaming musical —y dio un argumento convincente de por qué Spotify era un riesgo para su industria—.

“No estoy dispuesta a contribuir el trabajo de mi vida a un experimento que no siento que compensa justamente a los escritores, productores, artistas y creadores de esta música”, afirmó Swift en su momento, apuntando al modelo de negocio “premium” de Spotify. “Y simplemente no estoy de acuerdo en continuar con la percepción de que la música no tiene valor y debe ser gratuita”.

El audaz movimiento de Swift le valió el reconocimiento de artistas de la industria discográfica del mundo que creían que los servicios de streaming de música estaban reduciendo sus escasas ganancias. 

Después de todo, los ingresos para la música grabada han caído desde hace una década y media debido a ventas de CD que van en picada. Daniel Ek, cofundador de Spotify y director general, respondió con un ensayo largo para defender a su firma: “Todo lo que se dice últimamente sobre cómo Spotify está haciendo dinero a costa de los artistas me molesta enormemente”, escribió. 

Y el plan de Swift demostró ser un triunfo cuando llegaron los recibos. Nombrada por Billboard como la música con mayores ingresos de Estados Unidos, Swift vendió un millón de copias por semana de su álbum durante tres semanas seguidas —convirtiéndose en la primera artista grabada en hacerlo, según Nielsen SoundScan— sin aterrizar jamás en los servidores de Spotify. Swift 1, Spotify 0.

Pero mientras que Taylor puede haber ganado la batalla, Spotify difícilmente sufrió a la larga. De hecho, 2014 fue un punto bajo para las ventas de música —y el principio del resurgimiento del negocio, liderado por Spotify—.

Desde el año en que Swift dejó a Spotify, la industria global de la música grabada ha visto sus ventas crecer cada año —de 14,300 millones de dólares (mdd) en 2014 a 18,100 mdd en 2018. Eso se debe en principio al streaming pagado, de acuerdo con la federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI, por sus siglas en inglés).

Hoy, el streaming pagado o subsidiado con publicidad representa casi la mitad de todas las ganancias globales de la música grabada. Las ventas físicas de CD y discos todavía equivalen a 25%; el resto proviene de otras vías, como los derechos por presentaciones. Y Spotify —con 232 millones de usuarios mensuales y 108 millones de suscriptores mundiales— lidera al grupo con más de un tercio del mercado de streaming, estima Midia, firma de investigación de mercado del Reino Unido.

Incluso Swift ha ganado una apreciación de los beneficios de Spotify. Hoy, la totalidad del catálogo de la canante de “Shake it Off ” está disponible para streaming en la app, incluyendo 1989 y su último álbum, Lover.

Spotify y Ek han cosechado los beneficios del ascenso de su plataforma. En 2006 Ek hizo pública la compañía que cofundó con Martin Lorentzon en Estocolmo a través de un listado directo (en lugar de una oferta pública de venta) en abril de 2018. Hoy, Spotify tiene un valor de mercado de unos 21,000 mdd y el propio Ek tiene un patrimonio neto estimado en casi 2,000 mdd. Los analistas estiman que la empresa alcanzará los 7,000 mdd en ventas en 2019. 

Las perspectivas generales de Spotify son tan sólidas, según BCG, que ocupa el lugar número 5 en la lista “Las 50 del Futuro” de Fortune sobre las compañías mejor posicionadas para generar un crecimiento a largo plazo, este año.

Pero no hay garantías de que Spotify mantenga su posición en lo alto de la tabla. Motivados por el crecimiento del streaming de audio, los gigantes tecnológicos Apple y Amazon ya se lanzaron al ruedo. Cada una tiene bolsillos muy profundos, sin mencionar una ventaja en la cancha como fabricantes de los iPhone y dispositivos Echo, en los que muchas personas acceden a su música. 

Mientras tanto, la maduración de los principales mercados de streaming de música, como EE.UU. y Reino Unido, tiene a Spotify y sus rivales persiguiendo oportunidades emergentes en México, Brasil, India y naciones de “adopción tardía”, como Alemania y Japón.

En la actualidad, Spotify ha encontrado que es difícil tener ganancias. Después de reportar ganancias trimestrales por primera vez en el tercer y cuarto trimestre de 2018, la compañía regresó a las pérdidas en la primera mitad de este año, provocando que algunos inversionistas se enfríen con sus acciones. 

Desde su salida a bolsa sus acciones han caído 30% contra una ganancia de 15% en Nasdaq, y los acuerdos minuciosamente negociados que Spotify tiene con las principales casas discográficas —la mayoría de la música en streaming en el servicio es licencia de Universal, Sony y Warner, además de la agencia independiente Merlin— no le dejan a la empresa mucho espacio para incrementar sus márgenes de ganancia.

Spotify ha sido un salvador para el negocio de la música. Ahora tiene que probar que no es una maravilla de un solo éxito.

Con más de 48 millones de oyentes mensuales, la cantante pop Ariana Grande fue la artista femenina con más reproducciones en Spotify. | Foto: Getty Images
Con más de 48 millones de oyentes mensuales, la cantante pop Ariana Grande fue la artista femenina con más reproducciones en Spotify. | Foto: Getty Images

UN STREAMING HECHO REALIDAD

El cambio a lo digital hizo caer las ventas de música, pero gracias a Spotify y a los ingresos por streaming, los tiempos de auge están aquí de nuevo. Este es un vistazo a ese regreso. 

GANANCIAS GLOBALES DE LA INDUSTRIA DE LA MÚSICA GRABADA 

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INGRESOS DE LA INDUSTRIA DE LA MÚSICA POR STREAMING EN EE.UU.

LOS NÚMEROS DEL NEGOCIO

¿QUÉ TAN DURO le ha pegado Spotify a la industria del disco? Considere dónde estaba el negocio a inicios del milenio. En 1999, todavía sobre una ola de crecimiento que llevaba varias décadas, la industria mundial de música grabada tuvo ganancias por 25,200 mdd, todo vía ventas físicas, ya fuera discos de vinil, cassettes y, sobre todo, discos compactos (para tener una perspectiva, Starbucks tuvo ventas de poco menos de 25,000 mdd el año pasado).

Y entonces apareció Napster. El lanzamiento de la notoria plataforma de intercambio de archivos ese mismo año le dio esteroides a la piratería local, que siempre ha sido parte de la industria de la música. Y empezó el descenso: para cuando Apple lanzó iTunes Music Store en 2003, las ganancias anuales de la industria de la música habían bajado unos 4,000 mdd de acuerdo con IFPI.

Cuando Spotify apareció en escena, en 2006, las ventas de música habían caído otros mil millones de dólares. Pero las compañías disqueras seguían recelosas del servicio de streaming que Ek presentaba como una solución a la piratería. La industria llegó a un acuerdo con Spotify por los derechos de la música fuera de EE.UU. en 2008, pero no fue sino hasta 2011 que Spotify renegoció su camino hacia el mercado estadounidense. Alarmados por la erosión repentina de su negocio, las principales discográficas por fin firmaron acuerdos de licencia con Spotify y en silencio tomaron una participación combinada en la empresa estimada en 14% (Universal, Warner y Sony declinaron comentar para este artículo).

“Los principales sellos discográficos como que se quedaron sin hacer nada ante la llegada del streaming”, considera Errol Kolosine, exdirector de la empresa discográfica Astralwerks y profesor del Instituto de Música Grabada Clive Davis de la Universidad de Nueva York. “La industria de la música atravesó un periodo de relativa incertidumbre impulsada por no entender la permanencia del streaming. Y esa realidad llegó para quedarse”.

Parte de la realidad de la industria fue darse cuenta de que Spotify, sobre todo en la era de los teléfonos inteligentes y el wifi veloz, ofrecía una experiencia superior —una que los clientes demandarían—. “Lo que le da a los escuchas es increíble”, indica Jeff Peretz, músico de estudio, productor y maestro de música en Nueva York que ha trabajado con artistas como Mark Ronson y Lana Del Rey. “Tienen acceso a todo”.

Pero darle demasiado control a los oyentes significaba que la manera en que los músicos y los sellos discográficos hacían dinero tenía que ser replanteada por completo. Peretz añade: “El oyente promedio no se preocupa por cómo se mueve el dinero a lo largo de la industria ni adónde va a parar”.

Spotify gana dinero de dos maneras. Genera menos de una décima parte de sus ingresos, o 291 mdd en la primera mitad de este año, vendiendo publicidad en su servicio gratuito, que ofrece acceso limitado on-demand a su catálogo de audio. Y genera la mayor parte —91% en la primera mitad del año, o 2,890 mdd— a partir de las tarifas de su servicio de suscripción pagada, que ofrece acceso ilimitado al catálogo tanto en línea como desconectado. 

La compañía ha sostenido durante mucho tiempo que su servicio gratuito sirve como trampolín para su contraparte de paga y tiene los datos para respaldar la afirmación: más de 60% de los nuevos suscriptores de paga de Spotify lo hicieron a partir del servicio gratuito. 

La mayor parte del crecimiento de la compañía ha sido el resultado de trabajar en estas dos categorías: monetizando de manera más efectiva a sus clientes gratuitos y atrayendo más suscriptores de paga. El crecimiento anual en ambas categorías alcanza 30% y la empresa mantiene un control bastante estricto de los costos fijos para que no superen el crecimiento de los ingresos obtenidos.

Sin embargo, como el analista de la industria Ben Thompson señaló el año pasado en su boletín Stratechery, la ventaja de Spotify está limitada por sus costos marginales; es decir, las regalías que le paga a los sellos discográficos de los que licencia la gran mayoría de su catálogo de música. A pesar de su crecimiento continuo en términos de usuarios e ingresos, los márgenes de Spotify “están a merced de las compañías discográficas”, escribió Thompson, y sus pérdidas están aumentando en términos absolutos.

Wall Street también está preocupado, con más de un analista argumentando que la compañía necesita reducir sus tasas de regalías para justificar su valor de mercado. “Todos podemos imaginar maneras en que Spotify podría agregar un día productos de mayor margen a su negocio”, dice Lloyd Walmsley, analista de Deutsche Bank. “Simplemente no hemos visto ninguna señal real de que eso se materialice”. Spotify y los sellos discográficos están en medio de la negociación de su acuerdo para los próximos dos años, y las charlas prometen ser intensas. Si bien Spotify es más grande que nunca, la competencia cada vez mayor que enfrenta de Amazon, Apple y otros le da ventaja a las discográficas. Como explica un ejecutivo de la industria de la música que tiene lazos con la empresa: “Spotify está a un error de ser menos relevante”. 

EN LA MIRA

La base de suscriptores pagados de Spotify le ha ayudado a sus ingresos para alcanzar nuevas alturas, pero la falta de control de la empresa sobre su costoso suministro de contenido ha hecho que las ganancias consistentes sean esquivas. 

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UNA BREVE HISTORIA DEL STREAMING MUSICAL

Ocho años después de su lanzamiento en EE.UU., Spotify domina el mercado del streaming mundial; pero no fue la primera en moverse al escenario de la música digital. Aquí algunos momentos clave. —Aric Jenkins 

1993

The Internet Underground Music Archive se lanza como una plataforma para que artistas no firmados por discográficas le compartan al público pistas en formato MP3, libres de costo.

1999

Sean Parker y Shawn Fanning fundan Napster, un servicio de intercambio de archivos de persona a persona que permite acceder a archivos MP3 de manera gratuita. El sitio fue cerrado en 2001 después de ser demandado por la banda de rock Metallica.

2003 

Se lanza la iTunes Music Store para vender música en formato digital para el iPod de Apple, legitimizando la práctica de accesar a música desde una plataforma en línea.

2005

Debuta Pandora, el servicio de radio por internet. Tiene listas de reproducción basadas en algoritmos además de un modelo “freemium” que le permite a los consumidores escuchar la música ya sea gratis, con anuncios o sin interrupciones con una suscripción pagada.

2008

El empresario sueco Daniel Ek lanza Spotify en Europa. En lugar de pagarle a los artistas una cantidad fija por canción o álbum, su modelo de negocios les paga regalías basadas en el número de reproducciones.

2011

Spotify debuta en Estados Unidos.

2014

Spotify alcanza 40 millones de oyentes y 10 millones de suscriptores, pero sufre un golpe cuando Taylor Swift saca su música de la plataforma.

2015

Los servicios rivales Apple Music y Tidal (este último respaldado por Jay-Z y Beyoncé) llegan al mercado.

2018

Spotify se hace pública mediante listado directo. Mientras tanto, Drake se convierte en el primer músico en la historia en alcanzar los 50,000 millones de reproducciones en todas las plataformas.

2019

Amazon lanza Amazon Music HD con audio sin pérdida, uniéndose a Tidal en el mercado del streaming de alta fidelidad.

Spotify | Fotos: Getty Images
Spotify | Fotos: Getty Images

OTROS CAMINOS PARA CRECER

Parece apropiado que Cecilia Qvist llame desde el futuro. Qvist, quien es la directora de Mercado Global de Spotify, habla conmigo vía videochat desde Japón, el segundo mercado de música más grande del mundo pero que tuvo una adopción tardía del streaming. Son las 6:30 a.m. en Tokio y los incipientes rayos de sol se asoman sobre sus hombros pixelados. Ella explica por qué Japón representa una oportunidad enorme para Spotify.

“Japón ha sido un mercado muy físico”, admite. “Tenemos la habilidad y oportunidad de mostrarles cosas que no han visto jamás”.

La tierra del sol naciente no es el único lugar donde Spotify cree que puede deslumbrar a nuevos usuarios. La industria de la música considera inmaduros al menos a un tercio de los 10 principales mercados mundiales de la música en términos de la adopción de streaming, ya sea por un prolongado amor a los CD (Japón) o una infraestructura tecnológica inferior (Brasil).

Esas son buenas noticias para Spotify, que está bajo presión para mostrar que ahora que alcanzó el dominio en la categoría puede convertir a sus usuarios en ganancias de manera confiable. Qvist, cuyo mandato incluye la expansión internacional y localización de producto, cree que el camino al crecimiento está en equilibrar un trío de estrategias.

“Hay varias maneras para que crezcamos”, amplía. “Crecer en mercados existentes. Expandernos a nuevos territorios. Incrementar nuestra oferta de productos… no se trata solo de una cosa. Debes tener suficientes apuestas en las quinielas”.

Hasta ahora, Spotify tiene boletos en 79 mercados —muchos más que Amazon Music, que está disponible en unas tres docenas de países, pero muy atrás de Apple Music, que opera en más de 110—. Para ampliar su alcance, Spotify anunció en julio lo que llama Spotify Lite, “una versión pequeña, rápida y simplificada” de su servicio de streaming característico que está optimizada para equipos de cómputo más antiguos y redes celulares más lentas. Lo lanzó en tres docenas de mercados emergentes incluyendo Argentina, Brasil, Canadá, India y México. “Hay casi cinco mil millones de teléfonos inteligentes en el mundo”, cuenta Qvist. “Solo mira el potencial que existe”.

¿Una omisión notable? China. Spotify no opera oficialmente en la nación más poblada del mundo, aunque a finales de 2017 intercambió un porcentaje minoritario con Tencent Music, dándole un pie de entrada indirecto. Midia, la firma de investigación de mercado, estima que Tencent Music —que debutó en la Bolsa de Nueva York en diciembre con una capitalización de mercado de 22,000 mdd— tiene alrededor de 8% del mercado mundial de música por streaming, detrás de Spotify, Apple y Amazon —.

Juntas, Spotify y Tencent controlan una mayoría del negocio de la música por streaming, dándoles un baluarte contra la competencia de sus rivales tecnológicos (ni Apple ni Amazon respondieron a las preguntas de Fortune para este artículo).

No es que a Qvist le preocupe demasiado. “Te sorprendería el poco tiempo que pasamos viendo a la competencia en lugar de lo que podemos hacer por nuestra cuenta”, refiere la ejecutiva de Spotify con un aire de reto. “Somos un servicio mundial y, por mucho, el mayor. Estamos enfocados exclusivamente en el audio y esa es una gran diferencia”.

Lo que nos lleva a los podcasts. Quizá no fue una sorpresa que Spotify volteara a otros tipos de audio para expandirse; pero era algo muy diferente que quisiera pagar una prima por un par de productores de podcasts.

En febrero, Spotify anunció que había adquirido Gimlet Media, con sede en Nueva York, conocida por su serie de podcast Replay All y Crimetown por 230 mdd. Al siguiente mes, la empresa pagó 56 millones de dólares por Parcast, conocida por shows de crímenes verdaderos como Unsolved Murders. Estos movimientos capitalizaron en el hecho de que Spotify se ha convertido en el segundo jugador más grande del podcast (detrás de cierto competidor en Cupertino, California). También subrayó la necesidad de Spotify de liberarse de los contratos musicales para ver un crecimiento mejorado.

“Sobre el cambio al podcasting, entendemos lo que pasa allí”, revela otro ejecutivo de la industria de la música, quien nos pidió anonimato por su relación comercial con Spotify.

También lee: Spotify muestra a usuarios lo que más escucharon en una década

A pesar de su creciente popularidad, la producción de podcasts es un negocio mucho más pequeño que la música. Además, añade el ejecutivo, la economía de los podcasts no es la misma que la de la música. El grupo de regalías es diferente y la audiencia es otra. “Ser de verdad bueno en el podcasting no resuelve todos los temas respecto a la posición [de Spotify] en el negocio de la música”, agrega el ejecutivo musical. “Es una oportunidad interesante; entiendo por qué van tras ella, pero no cambiará el juego. Y el jurado sigue debatiendo”.

Dawn Ostroff, la directora de contenido de Spotify, no opina lo mismo. La ejecutiva que pasó mucho tiempo en la industria de la televisión (durante años fue presidenta de las cadenas CW y UPN) me llama desde el cuartel general de Spotify en EE.UU., en World Trade Center 4, para explicar por qué los podcasts son tan interesantes para la empresa. Con 52,398 m2 a lo largo de más de una docena de pisos, las juguetonas oficinas de Spotify en Nueva York son más un campus vertical que una oficina, y lo que viene con ellas —comidas gratis y un océano de escritorios de pie— señalan el rápido ascenso de la empresa.

Ostroff explica que el paisaje de los podcasts refleja el que encontró Spotify en la música en la década de 2000. También son una oportunidad atractiva para que Spotify tenga ventajas adicionales sobre la siguiente generación de consumidores: la Z, que escucha con un entusiasmo creciente. En 2017, 27% de la base escuchó un podcast al menos una vez al mes, indica Ostroff; este año, 40% lo hicieron.

“Los podcast tienen años, pero siguen en su etapa natal en otros sentidos —el negocio ha estado increíblemente fragmentado—“, considera. “Es una oportunidad para que Spotify construya y unifique la industria en un momento en el que estamos viendo una explosión de oyentes”.

También es una oportunidad para que Spotify se adueñe de contenido para su catálogo en lugar de comprar una licencia. Los podcasts no han sido el único intento de la compañía para lograrlo. 

El año pasado, Spotify experimentó con un servició que le permitiría a artistas independientes subir su trabajo directo a su plataforma, como hace SoundCloud, eliminando a los intermediarios; es decir, a los sellos discográficos. Como era de esperar, la iniciativa se encontró con quejas de la industria de la música. 

En julio, Spotify cerró el programa aludiendo que quería concentrarse en servir a los artistas y a los sellos. “Todavía creo que [subirlos directamente] puede ser parte de la perspectiva a largo plazo”, comenta la segunda ejecutiva de la industria.

Todo esto es importante porque a Spotify le falta un elemento clave para enfrentar a Apple y Amazon: hardware.

De acuerdo con ellos mismos, Apple tiene más de 1,400 millones de iPhones activos, iPads, televisores y Macs alrededor del orbe que le dan una ventaja a Apple Music; Amazon ha vendido más de 100 millones de dispositivos con su asistente personal Alexa y cuenta con más de 100 millones de miembros Prime, y ambos permiten el acceso a su catálogo de música.

Mientras que Spotify debe luchar por cada ojo en el dispositivo de otra empresa, sus rivales ricos pueden activar una base de clientes de la noche a la mañana. El hecho de que Spotify continúe creciendo es un testimonio de sus sólidas cifras de usuarios comprometidos, pero la amenaza para sus perspectivas futuras sigue ahí sin duda alguna.

NADANDO A CONTRACORRIENTE

Spotify domina el mercado mundial de la música por streaming con 108 millones de usuarios prémium —casi 50 millones más clientes que pagan a su competidor más cercano, Apple—; pero la empresa sueca tiene muchos rivales feroces. —Aric Jenkins 

Apple Music

Un ejecutivo de Apple confirmó en junio que el servicio, lanzado en 2015, tenía 60 millones de suscriptores de paga. Y el peso de la mercadotenia de Apple, aunado a la popularidad del iPhone, es una buena fórmula para ganar nuevos clientes. A un precio de 9.99 dólares mensuales, cuesta lo mismo que Spotify prémium.

Amazon Music Unlimited

Amazon entró tarde al streming de música, debutando en 2016, pero ha crecido más rápido que el líder del mercado. Las suscripciones aumentaron 70%, a 32 millones el año pasado, sobre 25% de Spotify. La principal ventaja de Amazon es su línea Echo de bocinas inteligentes, que usan Amazon Music por default. Su servicio prémium cuesta 7.99 dólares para aquellos miembros Prime.

Pandora

El servicio tipo radio que cambió la manera en que escuchamos música hace más de una década fue adquirido en febrero por SiriusXM Satellite Radio por US$3,500 millones, pero los usuarios activos cayeron de 71 a 64.5 millones durante los últimos 12 meses.

Tencent Music Entertainment

Con una sorprendente cifra de 652 millones de usuarios activos en China —31 millones de paga—, Tencent tiene una escala masiva en un mercado donde Spotify no compite (pero Spotify es dueño de 9% de su rival chino). Tencent, que salió a bolsa el año pasado, genera ingresos no solo por la música, sino por servicios adicionales en línea como karaoke y streaming en vivo.

YouTube Music

Google ha padecido para incrementar su negocio de medios por suscripción, pero la compañía volvió a intentarlo el año pasado con el lanzamiento de YouTube Music. Con un precio de 9.99 dólares al mes, el servicio no solo ofrece acceso al catálogo de los artistas, sino también remixes, covers, interpretaciones en vivo y videos musicales. Junto con el anterior Google Play Music incluido en YouTube Music, Google supuestamente ahora tiene más de 15 millones de suscriptores.

Tidal

A pesar del respaldo de gente como Jay-Z y Beyoncé, Tidal todavía no pega. Las estimaciones han vinculado el costoso servicio (19.99 dólares al mes) con unos tres millones de suscriptores. Sin embargo, el servicio ha sido alabado por su alta fidelidad sin pérdida de calidad de audio. En septiembre, Tidal alcanzó un acuerdo para llevar su plataforma a Roku, convirtiéndolo en una opción adicional para los hogares inteligentes.

EL LASTRE PARA SPOTIFY

Daniel Ek mira nerviosamente a su alrededor. Gayle King, anfitriona de CBS This Morning le acaba de preguntar al aire cómo, después de tres años, rompió el hielo con Taylor Swift. “Tiene una canción, ‘Love Story’, que dice: ‘Baby, just say yes’ [‘Bebé, solo dí que sí’]”, ofrece King con una sonrisa. “¿Fue eso lo que hiciste?”.

“Fue un poco más complicado que eso”, recuerda el director general con una sonrisa, agregando que requirió varios viajes a Nashville para convencer a la estrella de que el streaming se había convertido en algo digno de ser reconsiderado por ella.

La verdad es que Ek siempre tuvo las de ganar: a los músicos firmados por sellos discográficos —incluyendo Swift, quien tiene un acuerdo mundial con Universal Music Group— les conviene estar en cualquier plataforma que tenga oyentes. Spotify no ha hecho más que incrementar su base desde su disputa con Swift. Mientras tanto, las ventas físicas de álbumes han caído por un precipicio. Era cuestión de tiempo antes de que las presiones económicas empujaran a Swift a los brazos abiertos de Spotify.

JessB, en el concierto de hip hop A1 Live, que presentó Spotify en Sydney, Australia, en noviembre. | Foto: Getty Images
JessB, en el concierto de hip hop A1 Live, que presentó Spotify en Sydney, Australia, en noviembre. | Foto: Getty Images

Eso no significa que Spotify haya resuelto el único problema que sigue persiguiéndola: los pagos a los artistas. Según cálculos de la propia empresa, más de dos tercios de sus ingresos totales se canalizan a creadores, sellos discográficos, productores y distribuidores. Y sin embargo, los números detallados por ingresos de streaming están terriblemente bajos.

Spotify es cautelosa para revelar cifras específicas y tasas de pago, las cuales dependen de los acuerdos por sello, pero los reportes calculan tasas de entre tres y ocho décimas de centavo de dólar por reproducción —o hasta ocho mil dólares por cada millón de reproducciones—. 

La mayor parte de eso va al titular de los derechos de las canciones. Los compositores obtienen menos (una decisión judicial del año pasado de la Junta de Derechos de Autor de EE.UU. tenía como objetivo aumentar la participación de los compositores a casi la mitad, pero está atascada en apelaciones).

A Spotify le falta un elemento clave para enfrentar a Apple y Amazon: hardware. 

Esas cifras no son exclusivas de Spotify. Apple y Amazon pagan tasas similares, señalan fuentes de la industria. Tidal (el problemático servicio de streaming copropiedad de una lista de artistas célebres) y Sprint pagan un poco más. Pandora, el pionero servicio de radio propiedad de SiriusXM, paga mucho menos.

Considerados como grupo, los servicios de streaming han probado ser un poderoso motor para que los oyentes descubran artistas y un generador creciente de ingresos para los sellos discográficos. Como dice un ejecutivo de la música: “Somos ‘amiguenemigos’. Nos necesitamos mutuamente. A nosotros nos conviene que ellos dependan tanto de nosotros como sea posible, y nuestros artistas necesitan alcanzar tantos clientes como sea posible”.

Para mantenerse en la cima, Spotify debe conservar ese equilibrio entre ser socio y adversario de la industria discográfica. Y por seguridad propia, tal vez deba evitar comenzar un nuevo pleito con Taylor Swift.

La táctica de Spotify para incrementar sus descargas